Pina Nortes - Recordando la huerta

Del 1 al 28 de diciembre de 2011

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"Pina Nortes, entrañable afabilidad"


Me resulta muy difícil recordar qué he escrito en otras ocasiones sobre la pintura de Pina Nortes. Cierto que tampoco es necesario recordarlo, porque, en el fondo siempre se llegará a la misma conclusión. Lo que sí resulta imposible olvidar es precisamente esa pintura, que te llega como una muestra de rasgo entrañable, como una inolvidable permanencia. Diría incluso que no se trata de que contenga y demuestre una cercanía, que aflora cuando el pintor recoge tanta evocaciones de esta tierra, que supone para él una temática selecta. Me atrevería a afirmar que Pina Nortes está con su obra más allá de los límites que marca un terreno preciso y mucho más allá de los síntoma que en principio pueden captarse.
Hubo unos principios en los que demostró unas formas de hacer las cosas, que corría más en consonancia con lo que  las modas ofrecían. Era entonces la pintura de Pina Nortes más desgarrada y sumisa. Hasta que decidió por esa autonomía que ansiaba, liberarse e ir aquilatando su carácter artístico, para ocupar un espacio propio, unas maneras definitivamente lindantes con la bondad que expresa su carácter. ¿Existe relación alguna entre el temperamento y la obra artística? Pienso que esta analogía es definitiva entre el artista y su creación, porque el modo de ser del artista tiene que transferirse necesariamente a su producción, para que, de verdad, surja y se acepte una simbiosis de intereses, una producción autentificada, que el espectador pueda captar y reconocer.
Pina Nortes se redimió plenamente, y se adentró por una ruta quijotesca, que, a la vez, llegaba marcado con el signo propio de la personalidad. Crea su modo de pronunciarse, basado en una riqueza expresiva muy singular, diría que casi única, en  la que se multiplica la abundancia de temáticas y brillan los colores como fondo de un espectáculo lleno de animación, de emoción y de sentimientos. No hay que olvidar que su campo de acción es de una riqueza pletórica, por el que desfilan bodegones, enclaves urbanos, costumbrismo, paisaje..., obras siempre datadas con esa singularidad ya indicada y plantadas en medio de un ambiente cromático, que enriquece más tan variada y atractiva temática.
Más allá de esa devoción del pintor por la cercanía ya apuntada, se palpa que en esta pintura brotan unas facetas y unas cualidades, capaces de extenderse a situaciones no precisas, no limitadas. No se hable de un Pina Nortes circunscrito, porque dispone de un lenguaje pictórico lleno de encanto, de atracción, de originalidad; es un espacio, que el pintor siembra de un lado a otro, enriqueciendo con el interés de la vida cuanto a su alrededor contempla, y que, aunque también desfila en nuestro entorno, no somos capaces de percibirlo, porque no queda situado en un marco tan inefable y emocionante como el que traza el pintor.
Entre todos estos diseños, que uno expone, ¿con cuál quedarse? Pese a la característica humildad y al desinterés por las resonancias, que Pina Nortes ha mantenido, diría que cualquiera de sus pinturas ofrece un virtuosismo pletórico, y adquiere una galanura genérica, que concluye en una sonrisa de complacencia, en un beneplácito constante. Cada obra es un guiño a la alegría.

 

Pedro Soler