Pedro Flores - Rue Mouffetard

Del 2 de septiembre al 10 de octubre de 2010

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"Pedro Flores, Rue Mouffetard"

 

El 12 de octubre de 1954, con motivo de la inauguración de una exposición individual de Pedro Flores en la Galería Framond de París, André Salmon, crítico de arte y poeta parisino que, años antes, había organizado la exposición en la que Picasso mostraba por primera vez al público “Las Señoritas de Aviñón”, afirmaba no poder “enorgullecerse de haber descubierto a Pedro Flores, cuya luminosa carrera comienza mucho antes de 1945”, pero sí de haber tenido “la fortuna de presentarlo al público parisino”, ese mismo año, concretamente el 26 de octubre de 1945, en la Galería Delpierre. ¡Y cómo lo presentaba! Pues, continuaba diciendo:
“Se me ha reprochado a veces preferir el elogio a la crítica agresiva. Que sólo he querido hablar de artistas excelentes. Ni uno solo de ellos, entonces desconocido, que yo anunciara alegremente, en la época de mi crítica militante, hace de ello casi medio siglo, ha desmentido sus promesas ni las mías. Me atrevo a jactarme de ello cuando veo hoy a mi amigo Pedro Flores alzar tan alto su arte delicado y potente. Su obra es ya considerable. Desde 1945 –contando sólo desde el día de nuestro primer encuentro– no sólo ha añadido lienzos a más lienzos de una inspiración constante y de una técnica cada vez más sabia, sino que además ha grabado como si reinventase el grabado; ha creado tapicerías... Su inspiración está tan bien dotada por la técnica como Paul Valéry quería que estuviera. Pleno de alada ensoñación, se plantea, como Derain exigía que se hiciese cada vez que se coge un pincel: «Todos los problemas de la pintura». (Y) ha querido planteárselos en asuntos diversos, desde esta “Rue Mouffetard” de la que nadie, antes que él, tradujo las ásperas alegrías atravesadas por luminosas violencias, a la Bretaña de los pescadores y los campesinos. Pedro Flores no tiene que renovarse. Se acrecienta cada día de una sabiduría alimentada de gozosa fiebre; el don providencial desarrollándose por una especie de virtud trabajadora. Paciente y espontáneo, Pedro Flores, improvisador cuya improvisación dirige su duro trabajo. Si a menudo he hablado del “gobierno del color”; Pedro Flores es del mismo hoy día uno de sus maestros.”

El 14 de julio de 1948, Salmon le dedicaría, además, un poema en cuyo título relacionaba a nuestro artista, precisamente, con una de las obras que exponía en aquella exposición de 1945 de la que ya hemos hablado : “Pedro Flores, rue Mouffetard”, de la que hoy pueden contemplar una de sus versiones en nuestra exposición (posiblemente la misma obra en concreto que sirviera de inspiración al poeta, aunque no podamos saberlo con toda certeza).

 

Pedro Carrión